Presentamos el artículo de la Mtra. Laura Mota Díaz, en el que explica el origen del concepto de política pública en América Latina y las razones por las cuales éste se ha asociado con un enfoque instrumental y técnico. La autora es Maestra en Ciencias Sociales por el Colegio Mexiquense y tiene estudios de Doctorado en Ciencias Políticas y Sociales por la Universidad Nacional Autónoma de México. Es profesora-Investigadora de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Autónoma del Estado de México. 

La llamada Ciencia de Políticas, nacida en el año 1951 en Estados Unidos bajo el impulso pionero de Harold Lasswell, se constituyó en una sub-disciplina de la Ciencia Política, orientada a la mejora del desempeño administrativo y la acción gubernamental del Estado; por esa razón se instaló en la praxis de la administración pública como elemento fundamental, consolidándose más tarde con el nombre de política pública, tal como hoy se le conoce.

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La confluencia de varias situaciones —ocurridas en esa nación en los años posteriores a la Segunda Guerra Mundial— explica las razones que dieron origen a esta subdisciplina. Una de ellas tiene que ver con la presencia de un sistema de gobierno democrático, apoyado en la creación de agencias de investigación y asesoramiento independiente que posibilitó la implementación de diversos programas sociales. Otra razón se atribuye al hecho de que, en aquel tiempo, el conocimiento científico se vio favorecido por los desarrollos teóricos y metodológicos alcanzados, por lo cual se privilegió la razón técnico-científica en la atención de problemas de orden administrativo y de gobierno; frente a eso, el saber experto se tornó clave al interior de la administración del Estado. (Nelson, 2001, Citada en Valencia y Álvarez, 2008).

Fue en ese contexto que surgió la propuesta de Harold Lasswell, cuyo eje central giraba en torno a la idea de un trabajo interdisciplinario que diera cuenta de la hechura y el proceso de las políticas dirigidas a atender problemas de carácter público. Se esperaba así que tanto la ciencia política, como en general las demás ciencias sociales, brindaran elementos metodológicos y conceptuales al estudio del Estado y la política (Valencia y Álvarez, 2008).

Tal propuesta dio lugar al surgimiento de otras posturas, que en un principio se oponían a los planteamientos de Lasswell, pero que al mismo tiempo permitieron el desarrollo de la ciencia de políticas a partir de modelos aplicados al análisis de éstas. Una de las posturas que tuvo gran influencia fue precisamente la que provenía de enfoques cuantitativos, especialmente de la economía, la investigación de operaciones y el análisis de sistemas, sustentada en un modelo de racionalidad absoluta. De otro lado se fue desarrollando un enfoque denominado pluralista, del cual surgieron los modelos de racionalidad limitada, incrementalista y de elección pública.

Este breve recuento nos permite entender el carácter que se le otorgó a las políticas públicas y que se resume en la primacía de una racionalidad técnico científica sobre el proceso de la toma de decisiones, donde adquirieron relevancia las metodologías positivistas.

Con esta orientación, las políticas públicas llegaron a América Latina 30 años después, es decir, durante la década de 1980, periodo en el que además se instauraba el sistema neoliberal.

Lo cuestionable es que ese enfoque de política pública llegó a nuestra región como algo novedoso, a tal grado que las universidades comenzaron a incorporar esa materia en el currículo de sus programas académicos, empleando los mismos enfoques teóricos y metodológicos desarrollados en Estado Unidos y Europa durante las décadas de 1960 y 1970. Esto significa, que la racionalidad instrumental (junto con sus modelos de análisis) se trasladó tal cual sin tener en cuenta diferencias de origen, de tiempo y de contexto (político, económico y social).

De ese modo, la “producción teórica” se concretó a la traducción e interpretación de los textos originalmente escritos por autores norteamericanos y europeos, dando lugar a las antologías que constituyen hasta nuestros días la principal base para el estudio de las políticas públicas. Algunos otros autores se han enfocado en reproducir ese mismo discurso, o bien se han ido por la vía de plantear la política pública dentro de los esquemas del marketing político.

Por su parte, los gobiernos incorporaron en su lenguaje el término política pública sin comprender en realidad su esencia, por lo que lo redujeron a la existencia de programas orientados a atender problemas de carácter público y cuya determinación dejaron a los “expertos”, principalmente economistas, dando por sentado que el proceso es en efecto un asunto meramente técnico. Incluso, hoy es posible todavía encontrar funcionarios que no distinguen la política gubernamental de la política pública, o bien algunos que ni siquiera aceptan su existencia.

Los diferentes contextos territoriales, sociales y temporales por los cuales transcurrió la evolución de las políticas públicas permiten comprender las falencias que las caracterizan hoy día, y que impiden su efectividad en la solución de problemas públicos cada vez más complejos. De la misma forma, las concepciones dominantes con las que trascendieron tanto en el espacio gubernamental como en el académico permiten identificar vacíos de orden epistemológico que impiden comprender esta sub-disciplina como un proceso de construcción y transformación social, reduciéndola a un enfoque meramente técnico e instrumental.

Por fortuna, en la actualidad estamos asistiendo a la configuración de enfoques alternativos de políticas públicas, que vislumbran un futuro prometedor a esta disciplina como campo de conocimiento y de intervención social.

Referencias

Nelson, Bárbara (2001) “Políticas Públicas y Administración: Una visión General”, en Robert Goodin y Hans Dieter K. Nuevo Manual de Ciencia Política, Madrid Itsmo.

Valencia A. German y Álvarez Johan Alexis (2008) “La ciencia política y las políticas públicas. Notas para una reconstrucción histórica de su relación” en Estudios Político

Correo de la autora: motadiazlaura@gmail.com

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