Hoy presentamos un artículo de la Arq. María Elena Martínez Carranza, quien es Presidenta del Comité Consultivo de Desarrollo Urbano en el Instituto de Administración Pública del Estado de México. Arquitecta con experiencia en planeación y gestión urbana, seguridad y administración pública. Ha realizado estudios de maestría sobre Seguridad Nacional en el Colegio de Defensa Nacional en México (1999-2000) y se ha especializado en el tema de prevención del crimen a través del diseño ambiental.  Cuenta con la certificación CPTED-LAC I. (2010) Estudió el diplomado  “Ciudad Segura, estrategias y acciones básicas” en el ITESM-Banco Mundial. (2010-2011), la “Especialidad en Seguridad Ciudadana” por la Universitat Oberta de Catalunya (2011-2012) y el curso “Streets as Places” con Proyect for Public Spaces, PPS en Nueva York (2013).

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Hablar de inseguridad desde lo urbano, ante el intenso reclamo social por el impacto que ha tenido en la calidad de vida, la competitividad y bienestar en las ciudades, nos lleva a considerar un paradigma diferente que se enfoca no sólo a la reacción ante eventos consumados, sino a la prevención de las causas que inciden en las violencias y la delincuencia y partir de ahí, buscar las condiciones de seguridad ciudadana.

Una de las modalidades de la seguridad humana es la seguridad ciudadana, que tiene que ver con la protección a los derechos humanos, se manifiesta a nivel local y se refiere a las amenazas a la seguridad personal, a la protección universal contra las violencias y el delito; es el resguardo de ciertas opciones y oportunidades de todas las personas en su vida, su integridad y su patrimonio; focaliza su atención en el bienestar de las personas y reposiciona a la ciudadanía como el principal sujeto de la protección estatal.(Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo, PNUD)

Fue en la segunda mitad del siglo XX que se desarrollan teorías encaminadas a demostrar el vínculo que existe entre el urbanismo, la arquitectura y la criminología al tener una fuerte relación en el contexto urbano y el comportamiento de las personas, así como en el diseño de los espacios urbanos y la percepción de seguridad y tranquilidad de los ciudadanos.

Ray Jeffery,(1977) [1] planteó la importancia que tiene el medio ambiente urbano al influir en el comportamiento criminal, y desarrolla la teoría situacional de prevención del crimen considerando que es posible disminuir la inseguridad al alterarlo, ya que ocurren delitos en determinados espacios públicos debido a las oportunidades de localización que ofrece el entorno físico, como es el deterioro urbano, falta de iluminación, ausencia de vigilantes naturales y formales y la escasa incorporación visual de lo construido con el espacio público, entre otros.

El Programa de Naciones Unidas para los Asentamiento Humanos destaca que el Derecho a la Ciudad implica el derecho a la seguridad urbana como una demanda ciudadana para promover el desarrollo integral de sus habitantes y la generación de espacios públicos seguros, de encuentro, de socialización, espacios de diversidad y tolerancia en la convivencia en el medio urbano.

En el Programa Nacional de Prevención Social de la Violencia y la Delincuencia, uno de los cinco objetivos específicos es el que se refiere a “Generar entornos que favorezcan la convivencia y seguridad ciudadana”  y estrategias que responden al urbanismo social que busca atender en forma simultanea condiciones socioeconómicas y la transformación física del territorio con la participación comunitaria.

Al referirse la prevención situacional a intervenciones que aluden a la modificación del entorno para propiciar la convivencia y la cohesión social, así como disminuir los factores de riesgo que facilitan fenómenos de violencia y de incidencia delictiva en el espacio público y disminuir así la percepción de temor de la población; una respuesta y una apuesta es mediante intervenciones socio urbanas en polígonos, que son proyectos integrales producto de procesos participativos con los habitantes del lugar, desde el diagnóstico e identificación de problemas así como propuestas y diseño de estrategias y componentes urbanos, sociales y culturales para incidir en los factores de riesgo y fortalecer los de protección para lograr ciudades seguras con espacios incluyentes seguros y exitosos que logren permanecer activos para diversos grupos y en distintos horarios y con diversas actividades

Un caso de éxito del uso del espacio público es el que se refiere la participación de la sociedad civil en el Programa de Gestión, Recuperación y Apropiación de Espacios Públicos en la Ciudad de Chihuahua, Chihuahua, mediante un modelo de intervención comunitaria que está instrumentado y coordinado la “Red de Cohesión y Participación Social 1, 2, 3 por Mí y Mi Comunidad” A.C., integrada por diversas organizaciones no gubernamentales que aportan su experiencia y capacidades para la prevención de las violencias y que ha sido reconocido dentro de las once buenas prácticas por USAID. Su trabajo se focaliza en polígonos con alto índice de violencia y delincuencia en la Ciudad. (youtu.be/A2S80R03Zv4)

[1] Jeffery, C.Ray Crime Prevention Through Environmental Design. Beverly Hills, CA. Sage Publications. 1977

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